Más de once municipios de Santander enfrentan racionamientos de agua por la caída de caudales en varias fuentes hídricas del departamento, en un escenario que se agrava con la alerta del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) sobre el fenómeno de El Niño. Para definir prioridades y respuestas articuladas, expertos, funcionarios y organizaciones civiles se reunirán este miércoles 16 de septiembre en Bucaramanga en el Encuentro por el Agua y las Energías Renovables.
El Ideam elevó recientemente la probabilidad de que este evento de El Niño sea el más intenso de los últimos 76 años al 75 %. Según el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN), las anomalías de temperatura en el océano Pacífico alcanzaron valores históricos, comparables con los extremos registrados desde 1950. En Colombia, se espera incremento de la temperatura del aire y reducción de precipitaciones en múltiples regiones, con su periodo más intenso entre finales de 2026 y principios de 2027.
Paola Echeverri, coordinadora regional Andes de WWF Colombia, advirtió que la caída de niveles en los ríos puede alcanzar hasta el 50 %, con consecuencias que van más allá del consumo humano. "No solo se afecta la disponibilidad de agua para el consumo y las actividades productivas, sino también la calidad, ocasionando cambios en la temperatura y la circulación, afectando la diversidad de especies", señaló.
Una afectación desigual en el territorio
Los efectos del fenómeno no se distribuyen por igual. En el área metropolitana de Bucaramanga existe capacidad técnica para monitorear fuentes como Suratá, Tona, Río Frío y Río de Oro, además de infraestructura de regulación y almacenamiento. Pero en municipios pequeños y sistemas rurales —como Málaga, Capitanejo, Vélez, Guavatá y Socorro— el reto es significativamente mayor. "Allí se debe fortalecer el monitoreo de caudales, los planes de contingencia y la capacidad de anticiparse al desabastecimiento", indicó Echeverri.
Además de los racionamientos, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo (UNGRD) reporta dos incendios forestales activos en el departamento. Los factores de presión —pérdida de cobertura vegetal, degradación de suelos y expansión urbana sin considerar la capacidad de las fuentes— aumentan la vulnerabilidad de zonas que ya arrastran déficits hídricos.
La discusión por la protección de cuencas
En los primeros días de la administración de De La Espriella en Santander se revocó la resolución que declaraba la Reserva de Recursos Naturales Renovables 'La Baja', ubicada por fuera del páramo de Santurbán. El nuevo Ministerio de Ambiente, liderado por Fabio Arjona, planteó volver a realizar consultas con las comunidades y lanzó la idea de crear un parque nacional natural en la zona.
Echeverri insistió en que las áreas protegidas son fundamentales pero insuficientes por sí solas. "La seguridad hídrica se construye en toda la cuenca, no solamente dentro de esas áreas. La forma como ocupamos el territorio tiene mucho que ver con nuestra capacidad para enfrentar períodos secos", sostuvo. La experta subrayó la necesidad de un ordenamiento territorial que dialogue con la planeación del recurso hídrico: "No podemos planificar dónde crecerán las ciudades sin preguntarnos primero de dónde vendrá el agua".
La interconexión entre agua y energía
La crisis hídrica también amenaza la generación eléctrica. Cerca del 70 % de la energía eléctrica en Colombia proviene de fuentes hidroeléctricas, y en Santander existen pequeñas centrales que dependen directamente de los caudales de los ríos Lebrija y Fonce. "Santander debe avanzar hacia una matriz energética más diversificada y resiliente, combinando la generación hidroeléctrica con solar y otras fuentes", señaló Echeverri.
El encuentro programado para este miércoles en Bucaramanga reunirá a investigadores, funcionarios públicos y representantes de la sociedad civil para establecer metas comunes de sostenibilidad en el uso del agua en Santander, en un momento en que el fenómeno de El Niño se intensifica.