La economía colombiana habría entrado en una fase de desaceleración, según un informe de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá. La entidad estima que el crecimiento del PIB se ubicaría por debajo del 2 % en el tercer trimestre de 2026, después de registrar una expansión de 3,5 % en el segundo trimestre.
El Indicador de Actividad Económica para Colombia cayó a 0,9 % anual en agosto, frente al 1,5 % de julio y al 2 % registrado en agosto de 2025. El promedio móvil de tres meses se ubicó en 2,1 %.
El Banco de Bogotá proyecta un crecimiento de 2,5 % para todo 2026 y una moderación adicional hasta el 2,1 % en 2027. El análisis atribuye el menor dinamismo a una combinación de factores macroeconómicos, fiscales y externos.
Peso fuerte y menor actividad turística
Uno de los factores señalados es la apreciación del peso colombiano, que habría reducido la competitividad de las exportaciones industriales y desincentivado la llegada de viajeros extranjeros. El dólar promedió $3.126 en agosto, su nivel más bajo desde comienzos de 2019.
Entre abril y julio ingresaron al país 1,4 millones de turistas internacionales, 115.000 menos que en el mismo periodo de 2025. Según el informe, el sector de alojamiento y servicios de comida acumula una contracción del 3 % en lo corrido del año.
Las remesas llegaron a US$1.144 millones en agosto, con un aumento anual de 4,5 %. Sin embargo, al convertirse a pesos representaron $3,5 billones, una disminución del 19 % frente a 2025 por efecto de la menor tasa de cambio. El documento relaciona este resultado y la persistencia de la inflación con una moderación del gasto de los hogares, especialmente en servicios.
Menor gasto público y presión sobre la inversión
El informe también atribuye parte del freno al empalme de gobierno y a la directriz de racionalizar el gasto después del resultado electoral. Esto habría reducido la ejecución presupuestal y la contratación estatal durante agosto y septiembre, aunque contribuiría al balance fiscal.
Las altas tasas de interés continúan afectando la inversión en construcción. A esto se suman las dificultades de la producción agrícola y energética por fenómenos climáticos, entre ellos El Niño y los excesos de lluvia en algunas zonas, además del impacto del terremoto del 10 de agosto.