Colombia necesita replantear la manera en que prepara su sistema eléctrico para los periodos de sequía asociados con el fenómeno de El Niño. Tres organizaciones de la sociedad civil plantean que la confiabilidad no debe depender principalmente de encender más plantas térmicas cuando disminuye el agua de los embalses.
Según datos de XM citados en la propuesta, la generación con combustibles fósiles representó entre 25% y 30% de la producción durante los episodios de El Niño de 2009-2010, 2015-2016 y 2023-2024. Después de cada periodo crítico, esa participación volvió a disminuir.
La respuesta permite atender la emergencia, pero aumenta la exposición del sistema al precio y la disponibilidad de los combustibles fósiles, especialmente del gas importado. Además, la atención de corto plazo suele aplazar decisiones sobre contratación de largo plazo, mecanismos de confiabilidad y reglas de despacho.
La confiabilidad depende del sistema completo
La propuesta sostiene que Colombia continúa planeando su sistema con una lógica que no responde por completo a la variabilidad climática actual. La desarticulación entre generación y transmisión, los retrasos en proyectos estratégicos y la dependencia de las térmicas limitan la capacidad de anticiparse a las sequías.
La confiabilidad, según el planteamiento, no puede medirse únicamente por la capacidad individual de una planta. La disponibilidad de una central también puede verse afectada por el abastecimiento, el precio del combustible, la antigüedad o las labores de mantenimiento.
Por eso, el sistema debería diferenciar tres necesidades: atraer inversiones para construir la generación y transmisión requeridas; garantizar energía disponible a costos razonables durante periodos de baja hidrología; y contar con flexibilidad para operar frente a una generación más variable.
Más renovables y mejor planeación
La energía solar y la eólica podrían ayudar a diversificar la generación y preservar agua en los embalses. Cuando producen electricidad durante periodos normales, reducen el uso del recurso hídrico y permiten conservarlo como reserva para los momentos de baja hidrología.
El planteamiento también advierte que los proyectos deben incorporar desde el comienzo el relacionamiento con las comunidades. Esa dimensión territorial puede ayudar a anticipar riesgos, reducir retrasos y construir legitimidad para la expansión de la infraestructura.
La preparación para el próximo fenómeno de El Niño requiere años de planeación e inversión. La propuesta es construir una combinación de generación diversificada, redes, almacenamiento de agua y mecanismos de respuesta que permita enfrentar la incertidumbre climática sin depender de una única tecnología.