El comercio al por menor en Colombia perdió motor: las ventas crecieron apenas 5,3% anual en julio de 2026, el ritmo de expansión más bajo en casi dos años, según un informe de la división de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá.
El dato sorprendió al consenso del mercado, porque ningún analista anticipaba una moderación de esa magnitud frente a los registros recientes: el sector crecía 15% en junio y la variación anual había sido de 18,4% en julio de 2025.
Sin los rubros más volátiles, la debilidad queda aún más expuesta: las ventas sin vehículos crecieron 2,3% (7,3% el mes anterior) y las sin combustibles subieron 7,3%, frente al 17,7% de junio.
El deterioro tocó a casi todas las categorías
De las 19 categorías que monitorea el DANE, solo 6 lograron mantener un ritmo de aceleración. Ocho moderaron su dinámica y cinco entraron directamente en terreno de contracción anual.
Entre las caídas sobresalen combustibles (-3,6%), golpeado además por la transición hacia vehículos híbridos y eléctricos; prendas de vestir (-3%) y repuestos y partes para vehículos (-2%). Rubros esenciales como alimentos (0,3%), ferretería (0,9%) y telecomunicaciones (2,8%) apenas avanzaron, lo que según la entidad sugiere un marcado agotamiento en la capacidad de compra de las familias.
En el otro extremo, equipo de sonido y video (25%), vehículos para hogares (21,8%) y bebidas no alcohólicas (17,6%) mantuvieron variaciones positivas destacadas.
Seis factores detrás del freno
El equipo del banco identificó una cadena de factores que ya venían amenazando la sostenibilidad del gasto familiar. El primero es laboral: la creación de empleo en las principales ciudades sufrió una pausa y la tasa de ocupación urbana marcó en julio su nivel más bajo del año.
El crédito, además, se encareció con la tasa de política monetaria del Banco de la República, que pasó de 9,25% en diciembre de 2025 a 12,25% en septiembre de 2026.
A eso se suman la revaluación del peso —que reduce los ingresos en pesos que reciben los hogares por remesas y exportaciones—, el agotamiento natural tras los ciclos de compras intensivas de electrodomésticos y bienes de larga duración, el fin del impulso de la Copa Mundial de la FIFA 2026 hacia mediados de julio y la expectativa por el ajuste fiscal previsto por el gobierno De la Espriella.
El golpe del terremoto en el centro-occidente
A los factores macroeconómicos se sumó el terremoto del 10 de agosto de 2026, que afectó de forma directa a Chocó, Valle del Cauca, Risaralda, Caldas y Quindío. Cifras de Fenalco revelan que el sismo provocó una caída cercana al 45% en la facturación de establecimientos de centros y ejes comerciales del Valle del Cauca y Risaralda durante agosto, y el balance de ventas del gremio quedó en 2% positivo, su punto más bajo en dos años.
El deterioro comercial no fue superior gracias al incremento coyuntural en la demanda de ayuda humanitaria: alimentos, artículos de aseo personal, frazadas y prendas para los damnificados amortiguaron parcialmente el impacto en otros rubros, destacó el Banco de Bogotá.
Las proyecciones de la entidad anticipan un periodo prolongado de debilidad: la emergencia derivada del terremoto continuará deprimiendo la actividad comercial, industrial, inmobiliaria, de construcción y turística en el centro-occidente del país, a lo que se sumarían condiciones financieras más apretadas para los hogares y el ajuste en las finanzas públicas.