Meta, Casanare y Santander serían los departamentos con mayor peso en la producción de petróleo de Colombia hasta 2050, según las proyecciones presentadas por Tomás González, exministro de Minas y Energía y director del Centro Regional de Estudios de Energía (CREE). Para el gas, el análisis identificó potencial en La Guajira, Casanare, Santander y Antioquia.
Las estimaciones fueron expuestas durante un seminario de energía de ANIF, donde el CREE planteó varios escenarios para el futuro del sector. Uno contempla la incorporación de recursos contingentes, es decir, reservas identificadas que todavía enfrentan obstáculos técnicos o contractuales para entrar al mercado.
Producción y autosuficiencia energética
En un escenario de fortalecimiento de la industria, la producción petrolera podría superar el millón de barriles diarios a mediados de la próxima década. Después alcanzaría un pico entre 2035 y 2040 y comenzaría a descender, aunque con una caída menos pronunciada que en otros escenarios.
En materia de gas, una apuesta amplia por los recursos contingentes y prospectivos podría llevar la producción a más de 3.000 millones de pies cúbicos diarios hacia finales de la década de 2030. La Guajira ganaría participación en un escenario de fortalecimiento, mientras Casanare y Santander conservarían posiciones relevantes.
El CREE advirtió que la falta de incentivos y consensos produciría una disminución importante de la producción hasta 2050 y aumentaría la dependencia de las importaciones. También planteó un escenario de transición energética rápida, con un menor protagonismo del petróleo y el gas y un avance de los proyectos renovables.
Impacto fiscal y en los hogares
González calculó que, en un escenario de fortaleza del sector, los ingresos por renta, regalías y dividendos de Ecopetrol podrían ubicarse entre 25 y 26 billones de pesos. Esos recursos, según explicó, ampliarían el margen para financiar programas de salud, vivienda, educación, reducción de la pobreza y reforestación.
El director del CREE también resaltó que el gas está vinculado al consumo residencial y urbano, así como a actividades comerciales, públicas, alimentarias y metalúrgicas. Por eso, advirtió que una disminución del suministro tendría efectos tanto en las empresas como en los hogares.
La política energética, concluyó, debe equilibrar tres objetivos: garantizar el suministro, asegurar el acceso y el transporte de la energía, y proteger el medioambiente. Para fortalecer la industria durante la década de 2030, el centro de estudios pidió avanzar desde ahora en políticas públicas, electrificación y proyectos que permitan concretar las reservas y recursos identificados.