La inflación en Colombia se situó en 6,29% con el último reporte de septiembre, una cifra que se acerca al máximo de los últimos dos años: 6,86% en julio de 2024. El alza sostenida golpea el bolsillo y presiona las tasas de crédito, y un docente de economía de la Universidad Nacional advierte que, a corto plazo, el país tiene poco margen para frenarla.
Según el Banco de la República, la inflación es un fenómeno económico que se entiende como el aumento generalizado y sostenido del nivel general de precios de una economía en el tiempo.
En Colombia se mide con el Índice de Precios al Consumidor (IPC), que marca el costo de vida a partir de la evolución de los valores de los bienes y servicios que consumen típicamente los hogares. En la práctica, actúa como un promedio de los cambios de precios de esa canasta.
El récord: 41,55% en 1977
En el histórico del país, la cifra más alta se registró en junio de 1977, con 41,55%, durante el mandato presidencial de Alfonso López Michelsen. El Banco de la República aclara, eso sí, que Colombia logró manejar ese margen en su momento, en comparación con otros países de la región.
El ejemplo del bolsillo
En palabras simples, entre más suba la inflación, para menos cosas alcanza el dinero. Si los precios aumentan 7% en un año, una persona necesitaría unos $1.070.000 para adquirir una canasta de bienes y servicios que antes costaba $1.000.000.
Y si el alza se sostiene, el Banco de la República podría mantener o subir su tasa de interés para contenerla. Ese movimiento encarece los créditos nuevos de vivienda, consumo y otros préstamos, aunque el impacto depende de las condiciones de cada crédito.
La advertencia de la Universidad Nacional
Manuel Muñoz Conde, docente de economía de esa institución, suma otro efecto: la aparición de conflictos distributivos —desacuerdos entre clases sociales o grupos económicos— que pueden encadenar tensiones entre el incremento de los salarios y el de los demás precios. “Es un problema que puede darse, pero que se espera que no sea así”, precisó.
El comportamiento se puede controlar, pero no a corto plazo, en parte por factores como el Fenómeno del Niño, que golpea de frente el precio de los alimentos. Una alternativa “es poder importar más alimentos”, aunque “debido al contexto que se presenta actualmente, no es una opción viable”, afirmó el docente.
Si la inflación continúa en aumento, la solución que se ha dado en Colombia en los últimos años es la política monetaria, que se resume en subir y bajar la tasa de interés. Pero subir demasiado tiene un costo histórico: recalled que ese ajuste ya se experimentó “a finales de los años noventa y principios de los años 2000”, dando como resultado un desajuste en la economía.
“Todo lo que es el crédito se encarece mucho y eso puede desactivar la economía”, explica, y añade que el aumento de tasa “no es una ganancia positiva” porque su efecto dura muy poco y trae un daño crónico: el déficit en las cuentas de comercio exterior. “Nuestra balanza de bienes y servicios comerciales es muy mala, es deficitaria, es estructuralmente baja. Eso nos ha traído muchos problemas”, señala, al tiempo que suma el déficit presupuestal a la lista de riesgos.
“A corto plazo, no veo mucho cómo podríamos parar. Lo que habría que hacer es tratar de evitar que siga subiendo, que se dé una espiral inflacionaria”, concluye.
Su mensaje final: “Tener una inflación del 6% o 7% todavía es controlable”, pero si esa cifra sigue creciendo, las consecuencias en el bolsillo de los colombianos podrían ser mayores.