Un estudio de la Universidad de Purdue encontró en 18 de 46 cráneos de funcionarios y artesanos del antiguo Egipto lesiones potencialmente letales, un indicio que refuerza la hipótesis de que estas personas fueron sacrificadas tras la muerte de su soberano hace unos 5.000 años.
La investigación reexaminó con técnicas forenses modernas los cráneos de funcionarios de la corte y artesanos enterrados junto a los primeros reyes de Egipto, en Abidos. El trabajo fue publicado en la revista Frontiers in Environmental Archaeology.
Un misterio que empezó hace un siglo
El estudio se centra en los llamados enterramientos subsidiarios de Umm el-Qaab, la necrópolis de Abidos, donde durante la Primera Dinastía (hacia 3078-2900 a. C.) cientos de funcionarios y artesanos fueron sepultados alrededor de las tumbas de los primeros reyes.
El arqueólogo británico Flinders Petrie excavó estas sepulturas a comienzos del siglo XX y sospechó entonces que se trataba de sacrificios, aunque no encontró señales de violencia en los esqueletos.
Qué revelaron los cráneos
La investigadora Roselyn Campbell analizó los 46 cráneos de estas sepulturas que se conservan en la Universidad de Cambridge. Según el estudio, se hallaron indicios de traumatismo craneal perimortem, es decir, producido alrededor del momento de la muerte, cuando el hueso aún conserva la humedad y elasticidad del tejido vivo.
La lesión más frecuente fueron las fracturas lineales a través de la bóveda craneal, aunque también se observaron heridas de objetos cortantes, entre ellas una penetrante en el costado de la cabeza y otra por corte en el ojo.
La clave está en la ubicación de las heridas: el análisis forense muestra que las fracturas por encima de la “línea del ala del sombrero” suelen deberse a golpes deliberados más que a caídas accidentales, en parte porque las personas tienden a protegerse la cabeza cuando caen. Campbell considera que sería extraño que tantos individuos de una muestra tan pequeña se hubieran fracturado el cráneo de la misma manera.
“Las lesiones que presentan los cráneos conservados son, en general, fracturas lineales, que probablemente provocarían una pérdida rápida del conocimiento, hemorragias internas y la muerte”, afirmó Campbell.
Las limitaciones del hallazgo
La investigadora admite que las conclusiones tienen restricciones: los cráneos analizados representan apenas entre el 5 % y el 15 % de las personas enterradas en cada recinto funerario, y algunas lesiones pudieron producirse poco después de la muerte, por lo que no es posible demostrar con certeza que hayan sido su causa.
“Si dispusiera de recursos ilimitados, me encantaría averiguar dónde podrían estar los restos de estas personas y analizarlos”, dijo Campbell, quien añadió que el estudio demuestra cuánta información nueva sobre el pasado puede revelarse al revisar datos anteriores con métodos actuales, incluso en conjuntos de datos incompletos.