Enviar dinero desde un celular puede tomar unos segundos, pero detrás de esa operación hay sistemas que consultan saldos, validan datos, registran movimientos y procesan pagos. La modernización de la banca ya no se limita a actualizar las aplicaciones: también exige renovar la infraestructura central que sostiene las operaciones financieras.
La diferencia entre una interfaz moderna y la tecnología que opera detrás resulta especialmente Visible en América Latina. Mientras las fintech compiten con servicios digitales y procesos más ágiles, los bancos tradicionales necesitan actualizar plataformas que administran cuentas, créditos, depósitos y transacciones.
El cambio no consiste simplemente en sustituir un programa por otro. El núcleo bancario sostiene operaciones que no pueden detenerse durante una migración. Una falla puede afectar el acceso al dinero, los pagos o la consulta de saldos, por lo que el proceso exige inversión, pruebas y una transición cuidadosamente planificada.
El reto de cambiar la tecnología que sostiene la banca
La discusión se/dl是吧 entre los temas del Temenos Regional Forum Americas 2026, celebrado en Orlando, con la participación de más de 300 representantes del sector financiero, según información difundida por la compañía. Rodrigo Silva, presidente de Temenos para Latinoamérica, señaló que la transformación bancaria está pasando de las mejoras en los canales digitales a cambios en la tecnología central y los sistemas administrativos.
El objetivo es que las entidades puedan desarrollar nuevos servicios, responder con mayor rapidez y operar con más flexibilidad. Sin embargo, no todas tienen el mismo nivel de atraso ni necesitan reemplazar toda su infraestructura. Algunas modernizan componentes específicos y otras combinan sistemas anteriores con nuevas herramientas, según sus necesidades, costos y riesgos.
Los pagos inmediatos cambian las expectativas
Un estudio de Temenos y PCMI citado por la compañía señaló que las transacciones de pagos inmediatos en América Latina se multiplicaron por 130 entre 2017 y 2024. El análisis estima que representan cerca del 45 % de las transacciones digitales minoristas de la región y proyecta que podrían llegar al 60 % en 2030, con las definiciones y la metodología empleadas por sus autores.
En Colombia, Bre-B, el sistema de pagos inmediatos del Banco de la República, también refleja ese cambio. En el balance de su primer año, publicado en octubre de 2026, la entidad reportó más de 36 millones de usuarios registrados y 1.700 millones de transacciones.
Para el cliente, la expectativa es que el dinero llegue cuando lo necesita. Para el banco, cumplirla exige sistemas capaces de comunicarse con otras plataformas, procesar operaciones de forma segura y mantener disponible el servicio.
La competencia de las fintech
Las empresas de tecnología financiera también compiten con los bancos en créditos digitales y servicios de pago. Sus procesos pueden reducir algunos tiempos y costos, aunque sus capacidades varían según el producto y el mercado. Un documento de trabajo del Fondo Monetario Internacional sobre Brasil, publicado en enero de 2026, analizó la competencia de los prestamistas fintech entre 2018 y 2024 y encontró una asociación entre una mayor exposición a estos competidores y menores márgenes de intermediación bancaria.
El hallazgo no demuestra que todas las fintech sean más eficientes ni que los bancos tradicionales disparition. Sí muestra que la competencia puede modificar las condiciones del negocio y presionar a las entidades para revisar sus costos, productos y procesos.
Según Asobancaria, la inversión bancaria colombiana en transformación digital, innovación y ciberseguridad alcanzó 3,6 billones de pesos en 2025, un aumento del 9 % frente al año anterior. La cifra reúne varias áreas y no permite determinar cuánto se destinó específicamente a renovar los sistemas centrales.
La modernización tampoco garantiza por sí sola una mejor experiencia. Los bancos deben proteger los datos, prevenir el fraude y mantener sus servicios disponibles durante las actualizaciones. El resultado se medirá en operaciones que funcionen, menos interrupciones y servicios que respondan a las necesidades de los usuarios, no solo en aplicaciones con nuevas funciones.