Quito se ha convertido en un nuevo escenario de disputa para organizaciones criminales que buscan ampliar sus operaciones en Ecuador. Las bandas han comenzado a instalarse en barrios de la capital para controlar el microtráfico, realizar extorsiones y utilizar la ciudad como punto de tránsito hacia los puertos desde donde se moviliza droga hacia Europa y Estados Unidos.
La situación llevó a las autoridades a suspender las rondas de vigilancia vecinal en sectores como Solanda, donde los residentes patrullaban de noche con silbatos y palos. En su lugar, el Gobierno desplegó tropas armadas y reforzó los controles en barrios considerados de alto riesgo.
El plan anunciado por el presidente Daniel Noboa movilizó a unos 4.000 policías y militares para controlar accesos, corredores estratégicos y zonas con presencia de grupos delictivos. La capital permanece bajo un estado de excepción de 60 días desde septiembre.
Microtráfico y control territorial
La Policía sostiene que en Quito operan bandas como Los Lobos, Los Choneros y Los Tiguerones. El teniente coronel Juan Chacón afirmó que estas organizaciones intentan posicionarse en determinados barrios a través del microtráfico, una actividad que, según explicó, termina conectada con otros delitos.
Solanda, un sector de vivienda social construido en la década de 1980, aparece en la lista oficial de zonas de alto riesgo. Sus habitantes instalaron cámaras de vigilancia y rejas en los accesos a calles laterales para identificar a personas desconocidas y reducir la exposición a los grupos armados.
María Eugenia Albán, líder comunitaria del sector, aseguró que los delincuentes ya no actúan solos y que ahora portan armas, por lo que los vecinos prefieren apoyarse en las cámaras para evitar enfrentamientos.
Resultados y límites del operativo
El refuerzo de la seguridad en Solanda coincidió con una reducción de las muertes violentas: entre enero y septiembre se registraron dos casos, frente a los 13 del mismo periodo de 2025. En todo Quito, los homicidios también disminuyeron en 2024 y 2025 después de alcanzar un máximo de 294 en 2023.
Durante las primeras seis semanas del plan, la Policía reportó más de 300 capturas. Además, las incautaciones de drogas en Quito aumentaron cerca de 500% entre enero y septiembre frente al mismo periodo de 2025.
Las operaciones realizadas en todo Ecuador también ocasionaron pérdidas cercanas a US$20.000 millones para estructuras dedicadas al narcotráfico, la minería ilegal y el tráfico de combustible y armas, según el Ministerio de Defensa.
Sin embargo, expertos en seguridad advierten que la presión en un territorio puede desplazar a las organizaciones hacia zonas con menor vigilancia. El coronel retirado Mario Pazmiño sostuvo que Quito forma parte de una ruta de tránsito y almacenamiento temporal para droga proveniente de Colombia, antes de su traslado por corredores que conectan la Amazonía con la costa del Pacífico.
Para el analista Tiziano Breda, la posición estratégica de la capital ha atraído durante el último año a un número creciente de grupos. Pazmiño describió a Quito como una ciudad bisagra: un punto de redistribución que atrae a bandas encargadas de custodiar mercancía y desarrollar otras actividades criminales.