Drummond Energy es la única compañía que ha mantenido contratos de exploración y producción diseñados específicamente para yacimientos no convencionales en Colombia, la técnica conocida como fracking. Así lo afirmó su presidente, Alberto García, en el marco del Congreso de la Federación Colombiana del Carbón (Fenalcarbón), donde explicó que la empresa cuenta con cuatro contratos de este tipo y lleva 20 años estudiando la cuenca Cesar-Ranchería.
Un marco regulatorio con piezas faltantes
El directivo recordó que el país empezó a construir el marco regulatorio para explorar y explotar no convencionales en 2013, pero que, después de 13 años, todavía no se ha iniciado el desarrollo de estos recursos. A su juicio, la regulación existente es suficiente para aplicar la técnica: mencionó la minuta de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) para esos contratos, el reglamento técnico del Ministerio de Minas y Energía y los términos de referencia para las licencias ambientales.
Sin embargo, advirtió que hacen falta piezas, entre ellas los términos de referencia para la etapa de producción. En el terreno legislativo, señaló que en siete ocasiones se han debatido en el Congreso proyectos de ley que buscaban prohibir el fracking en Colombia y que ninguno fue aprobado.
Qué necesita Drummond para arrancar
García explicó que, para iniciar operaciones, hace falta la aprobación de licencias ambientales dentro del marco normativo. Agregó que algunas licencias existentes pueden modificarse y que se requieren permisos y aprobaciones del Gobierno a través de la ANLA (Autoridad Nacional de Licencias Ambientales) y de la ANH.
Sobre los trámites en curso, el directivo indicó que la compañía está en conversaciones con el Gobierno, aunque no confirmó si ya envió documentos para estudio: las discusiones con el Ejecutivo están orientadas, dijo, a definir cómo se llevará a cabo el proceso.
Los números del argumento: el gas caro que importa Colombia
El argumento de García se apoyó en el costo del gas: afirmó que Colombia importa hoy el 35% del gas que necesita y lo compra a precios alrededor de 12 veces superiores a los de antes. Para el directivo, desarrollar los recursos costa afuera y los yacimientos convencionales y no convencionales en tierra no son excluyentes: el país necesita, sostuvo, todo su potencial de gas.
Citó datos de consumo y reservas: el país consume cerca de 0,4 terapiés cúbicos de gas al año y cuenta con 1,7 en reservas. Según su proyección, al cierre de 2027 y durante el año siguiente las importaciones podrían llegar al 50% del consumo. Y comparó precios: cuando el gas se produce en el país, su valor se estabiliza entre US$6 y US$8 por millón de BTU, mientras que la importación se hace hoy a US$30 por esa unidad.
Con esas cifras, proyectó que las cuencas Cesar-Ranchería y Magdalena Medio podrían aportar 20 terapiés cúbicos de reservas de gas a largo plazo y, combinadas, quintuplicar las reservas de crudo y multiplicar por más de 10 las de gas natural. Calculó que el proyecto en Cesar-Ranchería requeriría US$100 millones en la etapa inicial y US$1.000 millones para el desarrollo, una vez superadas la exploración y la evaluación.
Sobre el proyecto de regasificación que la compañía había planteado en Santa Marta —del que desarrolló parte de la infraestructura durante una administración anterior—, García respondió que quedó suspendido por ahora: la empresa está enfocada en producir gas nacional.