Leyda Santa celebró sus ochenta años en La Matraca, el salón de baile con el que transformó el barrio Obrero de Cali en un epicentro cultural, cuando casi nadie quería rondar por sus calles. La fiesta fue el 30 de octubre: la cumpleaños, nacida el 26 de mayo, es una de las mujeres que más hizo por la danza en la capital vallecaucana.
Su historia comenzó en ese mismo barrio, donde nació cundo Cali era una ciudad pequeña. Una muchacha con carencias que aún hoje rio con gracia: contaba que conoció la pizza y un pollo entero a la brasa ya grande, el día en que unos pretendientes la invitaron a ella y a su hermana al recién inaugurado restaurante Salerno, en 1963.
Fue de las pocas mujeres de su generación que estudió en la universidad: cursó Bacteriología en la Universidad del Valle y se especializó en Hematología en los años sesenta. Después esquivó la típica Seguro Social: dirigió durante décadas uno de sus laboratorios, trabajo que abandonó de reciente vida civil para fundar, con su pareja, Jaime Parra, la esquina donde hoy abre la Matraca.
Del abarrotes al salón de baile
La Matraca empezó como una tienda de abarrotes y fuente de soda que en 1964 abrió Clímaco Parra, hermano de su posterior pareja sentimental, Jaime Parra. Eso fue lo que la enamoró de una vida hacia atrás: quiso que no fuera solo un recuerdo una tienda, una fuente de soda, e imaginó y construyó allí un salón de baile. Trajo discos, cuadros y los métodos de enseñanza del tango y la danza que estudiaba en Argentina, e invitó variopintos grupos de artistas y gente de toda clase.
En ese entonces, pocos querían ir. "¿Será peligroso?", le preguntaban por teléfono. Leyda respondía sin necesitar a nadie: "ante la duda, abstente", como recuenta su familia. Décadas más tarde esa misma terquedad transformó el barrio. Hoy no hay quien no quiera ir al Obrero: a finales de 2024 se gestó en Cali un Plan Especial de Salvaguardia de la Salsa con políticas y recursos para el sector, y desde entonces abren negocios nuevos en cuadras que antes estaban mudas.
El barrio vive un también un impulso urbanístico. La Alcaldía de Cali instaló doce esculturas de figuras de la salsa para convertirlo en un museo a cielo abierto, y en la recién montada ruta turística La Matraca figura como parada salsera. Donde antes había miedo, ahora hay fila de negocios y petty emprendimientos esperando un hueco.
Adentro, la memoria resiste. Han pasado por La Matraca orquestas de Argentina, de Colombia y de Cuba, y el salón ha recibido homenajes en vida de figuras como la cantante cubana Celina González. En 2005, una programación bautizada "Gardel, 70 años de espera" rememoró la espera de su abuela Asceneth, que a los trece años estuvo entre quienes aguardaban al ícono argentino en el aeropuerto de Cali en 1935.
En el salón fue también se grabaron escenas de "¡Que viva la música!", inspirada en la novela de Andrés Caicedo, y escribieron páginas del Festival Internacional de Poesía. Parejas que ensayaron en La Matraca alcanzaron a ganar los Mundiales de Tango en Buenos Aires, y Leyda enseñó tango a pacientes con Parkinson como parte de su papel de profesora de danza.
A sus 80 años, la gestora cultural sigue creyendo en la cadencia, no en la acrobacia: "se baila como se es", dice a sus alumnos, a los que imparte la máxima de que abrazo significa "sin brazos", para que unan los torsos hasta el final de cada canción. Su vida viene a completar una idea que los bailadores del barrio repetían: Cali es, sobre todo, capital de la danza.