Bogotá es una ciudad que escucha música en los festivales del parque y en los audífonos del transporte, pero donde apenas un grupo reducido toma un instrumento, escribe una canción o ensaya una coreografía. Eso muestra la Encuesta Bienal de Prácticas Artísticas, Culturales, Creativas y Patrimoniales 2025, levantada mediante 5.622 entrevistas presenciales que representan a 6,7 millones de bogotanos de 13 años o más, con un margen de error de 1,9 puntos.
El consumo cultural está extendido. El 93,7 % de los encuestados escuchó música durante el último mes, 6,2 puntos más que en 2023; el 82 % vio películas o series en plataformas de streaming y el 80,6 % vio televisión. La asistencia presencial cuenta otra historia: en los últimos 12 meses, el 41,2 % fue al cine, el 39,9 % a un concierto en vivo, el 30,8 % al teatro y solo el 5,1 % a exposiciones o galerías.
Ese consumo masivo tiene rostros visibles. Rock al Parque, que en 2026 celebró 30 años, reunió a más de 500.000 asistentes en tres jornadas y marcó un récord de público. Pero la vitalidad de los grandes escenarios no se traduce, todavía, en la posibilidad de todos de hacer arte.
Solo 14 de cada 100 hacen algo artístico
Cuando la encuesta pregunta por la práctica y no por el consumo, las cifras se desploman: solo el 13,9 % de las personas de 13 años o más realiza actualmente una actividad artística, cultural o creativa. Dos años atrás, en 2023, el registro era del 11 %.
Entre quienes sí practican, las expresiones más frecuentes son la danza (58,7 %), la pintura, el dibujo o la fotografía (48,3 %) y el canto o la creación musical (48 %). Son actividades sobre todo caseras: el 54,4 % las desarrolla en la casa y el 40,3 % lo hace en solitario. Un dato que cambia: el 35 % recibió algún pago por su práctica en el último año, 5,1 puntos más que la medición anterior.
La Filarmónica, la cita difícil
La asistencia a los conciertos de la Orquesta Filarmónica de Bogotá quedó en 7,1 % durante los 12 meses previos, presencial o virtualmente: nueve de cada diez habitantes no acudieron. La falta de tiempo fue la barrera más mencionada (30,2 %), seguida de la falta de interés (18,7 %), la falta de dinero (6 %) y la distancia entre los escenarios y el lugar de residencia (5,9 %).
El dato dibuja obstáculos distintos que coexisten: mientras el tiempo y el interés concentran los no, el costo y la ubicación también pesan. La propia encuesta no permite determinar cuál de esos factores explica, por sí solo, el bajo nivel de asistencia.
Hacer arte depende de dónde se vive
La brecha territorial es quizá la más elocuente del estudio. La Candelaria encabeza la práctica con el 22 %, seguida de Rafael Uribe Uribe (21,6 %), Fontibón (19 %), Antonio Nariño (17,2 %) y Bosa (16,6 %). En la otra punta aparecen Tunjuelito (6,9 %), Chapinero (7,2 %), Barrios Unidos (8,8 %) y Teusaquillo (9 %): 15,1 puntos separan al primero del último. Sumapaz, con 3,8 %, queda fuera de la comparación urbana por sus características rurales.
Los números no bastan para concluir qué localidad tiene más oferta cultural o mejor infraestructura, pero confirman que la posibilidad de practicar arte no se reparte con uniformidad en la ciudad.
El tiempo, el enemigo común
Entre quienes no practican ninguna actividad, el 35 % señala la falta de tiempo como razón principal, el 11,7 % la falta de interés y el 6,5 % los costos. El patrón se repite en la asistencia a eventos culturales: el 38 % de quienes no concurrieron en el último año lo atribuye a sus obligaciones laborales o de estudio, y el 10,3 % a responsabilidades de cuidado.
El bolsillo completa el retrato del consumo. En los últimos 12 meses, el 25,4 % gastó en libros o publicaciones, el 24 % en cine y contenidos audiovisuales y el 21,8 % en suscripciones digitales. Más atrás quedan la música en vivo (13,3 %), los espectáculos de teatro, danza o circo (5,8 %), los museos y espacios de memoria (5,4 %) y la formación artística (3,1 %).
Patrimonio, valorado pero no sentido
El 69,4 % de los bogotanos considera importante el patrimonio para la vida de la ciudad, y el 76,3 % cree que las comunidades deben tener el papel principal en su definición. Esa valoración convive con tensiones sobre el desarrollo urbano: el 64,5 % estuvo de acuerdo o muy de acuerdo con priorizar la construcción de una ciudad nueva sobre la conservación de la antigua, y el 70,3 % considera que el patrimonio se daña porque la gente desconoce su valor.
Cuando se pregunta qué debería protegerse, la lista tampoco la encabezan los monumentos: el 50,8 % menciona la Bogotá colonial, el 40 % el uso de la bicicleta, el 36,1 % los barrios, el 24,2 % las tiendas de barrio y el 18,3 % el grafiti. En consonancia, el 93,2 % afirma no sentirse identificado con ninguno de los monumentos de la ciudad, un resultado que plantea preguntas sobre qué memorias representan los referentes públicos.
Cultura, bienestar y una deuda con la formación
La encuesta cierra con una radiografía del bienestar: el 78,6 % se declara feliz o muy feliz mientras realiza o asiste a actividades culturales, y el 74,4 % considera que las prácticas artísticas ayudan a atravesar momentos difíciles. La tranquilidad (30,6 %), la alegría (20,8 %) y la relajación (20,5 %) están entre las emociones más mencionadas.
El contrapeso está en la formación: apenas el 18 % recibió alguna formación artística, cultural o patrimonial. Es la grieta por donde se cuela buena parte de la distancia entre una ciudad que consuma cultura por decenas y una que la haga也应该 por 14.