Colombia se consolidó como miembro pleno del Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), la entidad creada en 2014 por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica —los países fundadores del BRICS—, con sede en Shanghái, y amplió con ello sus opciones para financiar proyectos de mediano y largo plazo.
El ingreso llega en un momento en el que el país busca alternativas de crédito en medio de restricciones fiscales y costos elevados de financiamiento internacional, un factor determinante para obras de infraestructura, energía, transporte y desarrollo sostenible. La adhesión, eso sí, no reemplaza al FMI, el Banco Mundial ni el BID: el objetivo es diversificar las fuentes disponibles.
Qué es y qué financia el NDB
Desde su creación, la entidad ha aprobado cerca de US$39.700 millones en 123 proyectos, con inversiones concentradas en transporte, energía, agua y desarrollo sostenible. El banco, además, ofrece créditos a gobiernos sin exigencias políticas, según su comunicado.
Ese monto, de todas formas, no son recursos que Colombia recibirá de manera directa: corresponde al acumulado que el NDB ha aprobado en distintas economías emergentes. Lo que habilita el ingreso es que el país puede presentar iniciativas que cumplan las condiciones de la institución.
Entre las iniciativas identificadas como candidatas aparecen temas de transición energética, desarrollo urbano sostenible y ampliación de la conectividad regional, sectores que requieren inversiones de largo plazo. La financiación eventual dependerá de que cada proyecto sea presentado y cumpla los procesos y criterios del banco: el acceso no significa recursos automáticos.
El costo de pertenecer al banco
Como parte de la adhesión, el país se comprometió a suscribir cerca de US$512 millones en capital del NDB, un aporte proporcional al de otros miembros recientes como Uzbekistán, Egipto y Bangladesh. No es un crédito para una obra específica: es la participación que le da a Colombia la posibilidad de presentar proyectos para buscar financiación.
Otro elemento relevante para la gestión del riesgo es el uso de monedas locales en los desembolsos. El banco viene aumentando las operaciones en monedas distintas al dólar y busca que esa proporción llegue al 30 % durante 2026; para proyectos colombianos, eso podría reducir la exposición cambiaria de créditos con horizontes de varios años.