El déficit fiscal de Colombia seguirá por encima del 5 % del PIB durante los próximos cuatro años, según la advertencia de S&P Global Ratings, que además proyecta niveles elevados de deuda pública mientras el país transitaba un ajuste presupuestal todavía insuficiente para mejorar su calificación crediticia.
Colombia mantiene la nota BB- con perspectiva estable luego de que en abril la agencia concretara su tercera rebaja desde que el país perdió el grado de inversión en 2021, explicó Patricio Vimberg, director asociado de S&P Global Ratings.
De dónde viene el deterioro fiscal
Para el directivo, el deterioro del perfil crediticio tiene una explicación concreta: el desbalance entre ingresos y gastos. Desde 2019 el gasto creció a pasos acelerados, sobre todo en partidas rígidas como transferencias, servicio de la deuda, pensiones y salud, mientras los ingresos, pese a varias reformas tributarias, prácticamente no cambiaron.
Ese desequilibrio, advierte la agencia, ha debilitado además la institucionalidad fiscal: presupuestos aprobados por decreto, la suspensión de la regla fiscal y marcos de mediano plazo construidos con supuestos que no terminaron de ser creíbles. Aun así, el análisis del Presupuesto de 2027 presentado por decreto se lee más como un trámite legislativo, pues el respaldo obtenido mostró cierta capacidad del Gobierno para generar consensos al inicio de su mandato.
S&P reconoce como un punto a favor el sinceramiento del presupuesto, porque permite medir mejor las necesidades de financiamiento del Estado y pone en evidencia el tamaño real del déficit, en un escenario complicado que incluye el choque del terremoto vivido al comienzo del gobierno y el potencial impacto del fenómeno de El Niño.
Recortes que agradan, pero no alcanzan
El primer mensaje de la calificadora es positivo: el Gobierno está dando prioridad al ajuste fiscal. El problema es la magnitud. Incluso si se asume un recorte ambicioso de cerca de 2 % del PIB, el déficit pasaría del 9,4 % proyectado para 2027 a niveles de 7,2 % u 7,4 %, que de todos modos siguen siendo elevados.
La agencia necesita ver una consolidación creíble, alcanzable y pragmática, con detalles de dónde vendrán los recortes y cómo se conseguirán ingresos adicionales. El contexto político también pesa: la polarización dificulta adivinar si los consensos que permitieron aprobar el presupuesto de 2027 se sostendrán en el tiempo. De hecho, la entrevista con la agencia se realizó antes de la presentación de la Ley de Rescate, por lo que también pide conocer los detalles finales de las medidas.
Las cifras anunciadas por el Gobierno —recortes por $21 billones para este año y de hasta $70 billones para 2027— son importantes porque muestran prioridad sobre el gasto. La apuesta presidencial apunta casi todo al lado del gasto, y no parece haber, por ahora, interés en una reforma tributaria nueva. Aun así, S&P ve espacio para mejorar ingresos por la vía de una recaudación más eficiente, la revisión de algunas exenciones o la ampliación de la base gravable, y no descarta medidas de ingresos si la magnitud del ajuste así lo requiere.
Dónde sí hay señales favorables
El manejo de la deuda suma puntos. Los años anteriores marcaron una preferencia por deuda de corto plazo con tasas más bajas, algo que generaba riesgos de refinanciamiento y que el Gobierno ya está corrigiendo: se anunciaron tres operaciones de refinanciamiento y una se cerró de manera satisfactoria, lo que reduce parcialmente las necesidades de financiamiento de 2027.
Además, a pesar de la incertidumbre externa, la agencia considera que Colombia sigue teniendo acceso a los mercados internacionales y que la percepción de algunos inversionistas mejoró desde el cambio de Gobierno.
Un eventual acuerdo con el FMI podría reforzar esa historia crediticia por dos caminos: otorgaría financiamiento asegurado para los próximos años, condicionado a medidas fiscales y reformas estructurales que Colombia tendría que negociar, y mejoraría las expectativas de los inversionistas al dar previsibilidad a la política fiscal. S&P recuerda que cada programa es distinto y no necesariamente comparable con el de otros países de la región.
Crecimiento, inflación y tasa de interés
En lo económico, la agencia espera un crecimiento de 2,5 % para 2026 y 2027, con una posible aproximación al potencial del país, alrededor de 3 %, entre 2028 y 2029. El inconveniente es que buena parte del impulso reciente vino del consumo público, un motor que se desaceleraría con los recortes. Por eso, la variable a observar es la inversión privada.
En materia monetaria, S&P proyecta una subida adicional de la tasa de referencia del Banco de la República hasta 12,50 % al cierre de este año o a principios del siguiente. La inflación promedio se ubicaría cerca de 6 % este año y podría acelerar el próximo, impulsada por el precio de la energía, El Niño y el aumento del salario mínimo. El regreso a la meta del emisor no se vislumbra antes de 2028 o 2029.