El mundo ya no lograría evitar que la temperatura media global supere los 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales, el límite central del Acuerdo de París. Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte que, incluso si los países cumplen sus compromisos actuales, el calentamiento podría alcanzar un máximo de 1,8 °C.
El secretario general de la ONU, António Guterres, afirmó que las emisiones siguen en niveles récord y que los planes climáticos nacionales son insuficientes. Según sus declaraciones, las políticas vigentes apuntan a un calentamiento de entre 2,6 °C y 2,8 °C.
El análisis fue presentado el 21 de octubre, a menos de tres semanas de la COP31 en Turquía. El documento sostiene que superar temporalmente los 1,5 °C no debe interpretarse como una situación segura ni aceptable, porque cada fracción adicional de temperatura aumenta los daños y los riesgos.
El objetivo sería regresar al límite
Aunque superar el umbral parece inevitable, el PNUMA sostiene que todavía sería posible alcanzar un máximo, reducir las emisiones de manera acelerada y regresar a 1,5 °C antes de terminar el siglo. Esa trayectoria no es presentada como una alternativa deseable, sino como la mejor opción disponible después de décadas de acción insuficiente.
Para acercarse a ese escenario, los países tendrían que avanzar hacia una descarbonización profunda, alcanzar al menos emisiones netas cero y reducir con rapidez el metano y otros contaminantes climáticos de vida corta. El informe también plantea fortalecer la adaptación mientras la temperatura sigue aumentando.
Más riesgos para ecosistemas y comunidades
El calentamiento adicional podría acelerar el aumento del nivel del mar, intensificar las olas de calor y los incendios forestales y alterar glaciares, capas de hielo, permafrost y zonas de nieve. Los glaciares podrían perder más de una cuarta parte de su masa para 2100, lo que contribuiría a elevar el nivel del mar entre 9 y 12,5 centímetros en escenarios de hasta 3 °C.
El PNUMA también advierte sobre posibles puntos de inflexión en sistemas como las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida occidental, la circulación oceánica del Atlántico y la Amazonía. Aunque existen incertidumbres sobre el momento y la intensidad de esos cambios, sus efectos podrían perjudicar especialmente a los pequeños Estados insulares y a las ciudades ubicadas en zonas bajas.
La seguridad alimentaria y el acceso al agua estarían entre los sectores más expuestos. Sin una adaptación eficaz, las proyecciones citadas en el informe indican que la producción mundial de alimentos podría disminuir hasta un 14 % para 2050. También aumentarían las enfermedades y muertes relacionadas con el calor y los daños a ciudades e infraestructuras.
Retirar carbono no reemplaza la reducción de emisiones
El informe analiza soluciones como la reforestación, la restauración de ecosistemas y las tecnologías de captura directa de dióxido de carbono. Sin embargo, advierte que estas herramientas no pueden sustituir los recortes de emisiones. Al ritmo actual, se necesitarían más de 100 años de reforestación y gestión forestal, junto con cero emisiones residuales de CO₂, para reducir el calentamiento en apenas 0,1 °C.
El documento también reclama mayor cooperación internacional, financiación climática y transferencia de tecnología. La responsabilidad, señala, no es igual para todos: los países con mayor responsabilidad histórica y más capacidad deberían actuar con mayor rapidez, mientras las comunidades más vulnerables necesitan participar en las decisiones y recibir apoyo para enfrentar pérdidas que podrían ser irreversibles.