El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio la bienvenida este miércoles al líder chino Xi Jinping en la Base Conjunta Andrews, en Maryland, para una visita de Estado de tres días en la que las tensiones entre las dos superpotencias en materia de comercio, tecnología e Irán se desarrollarán en un contexto de pompa y ceremonia.
El avión de Xi aterrizó en la noche en la base militar de Maryland donde se encuentra el Air Force One, en el primer viaje del líder chino a Estados Unidos en casi tres años. El recibimiento, encabezado por Trump y su esposa en la pista, rompió con el protocolo habitual y marcó la primera vez en 11 años que un presidente estadounidense da la bienvenida a un líder extranjero en esa base, desde que Barack Obama recibió al papa Francisco en 2015, según C-Span.
Al igual que en sus dos reuniones anteriores desde 2025, ambos líderes prepararon un despliegue público meticuloso: una ceremonia militar en la Casa Blanca con sobrevuelos de aviones de reacción y una visita a los Archivos Nacionales, donde se conservan la Declaración de Independencia y la Constitución originales.
La tregua comercial, sobre la mesa
El principal punto de fricción es comercial. La tregua de 11 meses entre los dos países expira el 10 de noviembre, con discrepancias que van desde Taiwán hasta los narcóticos y los minerales de tierras raras. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo este miércoles, después de su segunda reunión con el viceprimer ministro chino, He Lifeng, para preparar la cumbre, que Estados Unidos está abierto a extender la tregua o a buscar un acuerdo comercial más amplio.
Las conversaciones previstas para el jueves podrían dar lugar a acuerdos para reducir aranceles en sectores específicos, cooperar en la lucha contra el narcotráfico y ampliar el diálogo entre las fuerzas armadas. Según fuentes cercanas a los planes, se espera que Trump solicite la liberación de estadounidenses y otras personas detenidas en China, y que ambos gobiernos acuerden dialogar más sobre inteligencia artificial, un ámbito en el que compiten con ferocidad pero del que son conscientes los crecientes peligros.
Taiwán, armas e Irán
Era probable que Xi planteara con firmeza la reivindicación de Pekín sobre Taiwán, un tema que Washington preferiría evitar, y que presionara para que Estados Unidos reduzca las ventas de armas a la isla, como lo hizo en la última reunión en Pekín. En diciembre, la administración Trump aprobó un paquete de US$11.000 millones en armas para Taiwán, el mayor de la historia, mientras que un segundo, por unos US$14.000 millones, lleva meses en suspenso. Trump ha descrito esas ventas como una “muy buena baza negociadora”.
Irán también sería tema de conversación. Pekín mantiene estrechos lazos con Teherán y contribuyó a estabilizar los precios del crudo tras el inicio de la guerra, al reducir la demanda y liberar reservas estratégicas. La administración Trump, que había prometido un “Día D económico” contra los países que comercian con Irán, suspendió las sanciones secundarias contra los principales bancos de China, el mayor socio comercial de Teherán. Trump, sin embargo, ha declarado que no ve la necesidad de pedir la ayuda de China.
Dos líderes, posiciones distintas
La cumbre llega en un momento difícil para Trump, que enfrenta una caída en sus índices de aprobación mientras crece el descontento público con la guerra contra Irán, que suma casi siete meses y disparó los precios de la energía en Estados Unidos. El viaje culmina, además, una semana de diplomacia que comenzó con la estadía del presidente en Nueva York para la Asamblea General de las Naciones Unidas, y su partido encara con perspectivas difíciles las elecciones legislativas de noviembre. Xi, con desafíos internos propios —gasto familiar débil y recesión en el mercado inmobiliario, pese al auge del comercio exterior—, llega en una posición aparentemente más fuerte.
“El presidente cree firmemente que, con el tiempo, la economía estadounidense crecerá y Estados Unidos se fortalecerá”, afirmó Edgard Kagan, exfuncionario de la Casa Blanca que hoy trabaja en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington. “Creo que cuando Xi Jinping se reúne con Donald Trump, está convencido de que Estados Unidos está en una rápida decadencia y que el tiempo está del lado de China”.
En lugar de una rueda de prensa o una declaración conjunta, se espera que ambos países emitan comunicados simultáneos que resalten lo que cada parte desea transmitir a su público nacional. La cena de Estado del jueves reunirá a ejecutivos como Tim Cook, de Apple; Jensen Huang, de Nvidia, y Sam Altman, de OpenAI. Según los analistas, es probable que se produzca otro encuentro entre los dos líderes este año, posiblemente en la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico en China, en noviembre, o en las reuniones del G20 en Estados Unidos, en diciembre.