Una copia de seguridad puede dar tranquilidad y, al mismo tiempo, estar incompleta o dañada. Que un servicio indique «sincronizado» solo confirma que el archivo fue copiado; no demuestra que pueda abrirse o restaurarse correctamente. La única forma de comprobar un backup es restaurarlo.
La prueba puede hacerse en casa en menos de media hora y sin tocar los documentos originales. Basta con utilizar archivos ficticios o restaurar copias en una carpeta nueva, separada de la ubicación habitual.
Por qué puede fallar una copia sin avisar
Una conexión interrumpida puede dejar archivos a medias; un cambio de configuración puede excluir carpetas y un disco externo puede presentar sectores dañados. También existe el riesgo de que un ataque de ransomware afecte los repositorios de respaldo: el texto cita un reporte de tendencias de Veeam, difundido por Backblaze, según el cual el 96 % de esos ataques busca comprometer también las copias de seguridad.
La regla 3-2-1 recomienda conservar tres copias de los datos, en dos tipos de almacenamiento distintos y con una de ellas fuera de casa, por ejemplo en la nube. A esa estrategia debe sumarse una comprobación periódica de restauración.
Pasos para probar un backup
Elige entre tres y cinco archivos al azar: un documento, una fotografía y un archivo grande, como un video. Probar siempre el mismo archivo no permite saber si el resto de la copia está en buen estado.
Restáuralos en una carpeta diferente y nunca encima de los originales. Si el respaldo está en la nube, descárgalos desde la página del servicio a una carpeta nueva, por ejemplo, «prueba-restore».
Abre cada archivo de principio a fin. El documento debe cargar completo, la fotografía debe verse sin cortes y el video debe reproducirse hasta el final. Para una comprobación más precisa, compara la huella SHA-256 del original con la del archivo restaurado: si coinciden, ambos son idénticos byte a byte.
En Windows, la huella puede consultarse con `certutil -hashfile "C:rutaalarchivo.jpg" SHA256`. En macOS o Linux, el comando es `shasum -a 256 archivo.jpg`. La recomendación es repetir el proceso una vez al mes.
Qué mostró la prueba con archivos ficticios
Para la demostración se creó una carpeta con cuatro archivos ficticios: una factura, un capítulo de tesis y dos archivos binarios que simulaban fotografías y un video familiar. Después se generó un manifiesto SHA-256, se comprimió el conjunto y se restauró en otra carpeta.
La prueba también alteró un byte de uno de los archivos para simular una corrupción. En la restauración íntegra, `factura_papeleria.txt`, `fotos_viaje_2026.bin`, `tesis_cap3.txt` y `video_familia.bin` conservaron una huella idéntica. En la copia alterada, `tesis_cap3.txt` fue el único que falló la comparación.
El archivo de texto todavía podía abrirse pese al cambio, pero el hash detectó de inmediato que ya no era idéntico. Sin esa verificación, el daño podría pasar inadvertido hasta el momento de utilizar el documento.
Qué hacer si la restauración falla
Genera una copia completa a partir de los archivos originales, revisa el espacio disponible en el destino y repite la prueba con los mismos elementos. Un disco lleno puede truncar respaldos sin mostrar una alerta clara.
Si el fallo se repite dos veces, cambia de medio: utiliza otro disco externo u otro servicio de nube. Si el dispositivo presenta ruidos o tarda demasiado en abrir carpetas, conviene retirarlo, pues una falla detectada en una prueba pequeña puede agravarse en una copia más grande.
Los archivos y datos de la demostración fueron ficticios. La verificación SHA-256 sí se ejecutó sobre esos datos para mostrar cómo luce una restauración íntegra y cómo se identifica una copia alterada.