La música se convirtió en otro escenario de la polarización que atraviesa las elecciones presidenciales de Brasil. Artistas, seguidores y géneros musicales han tomado posiciones distintas frente a Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, mientras el país se prepara para el balotaje.
El cantante de sertanejo Gusttavo Lima ha sido uno de los casos más visibles. Durante un concierto en las afueras de São Paulo, el público lanzó insultos contra Lula y, en otra presentación en Minas Gerais, el artista respondió que el resultado dependía de los asistentes al día siguiente. Videos de escenas similares se difundieron ampliamente en redes sociales.
La tensión aumentó después de la primera vuelta, en la que Lula obtuvo un resultado inferior al esperado y quedó por detrás de su rival de derecha. Las encuestas citadas en la fuente describen una contienda estrecha antes de la votación definitiva.
Los géneros musicales también reflejan la división
El sertanejo, un género con raíces rurales y características cercanas a la música country, suele vincularse con sectores de derecha. En contraste, artistas de hip-hop, samba y bossa nova, entre ellos Gilberto Gil y Caetano Veloso, tienden a identificarse con posiciones de izquierda o centroizquierda.
La campaña de Lula reunió en Río de Janeiro a decenas de músicos. En un video, Xamã apareció junto a Gil, Veloso y artistas de samba cantando un mensaje de respaldo al presidente e invitando a sus seguidores a prestar atención al momento de votar. También se difundió una adaptación en portugués y ritmo de forró de una canción de Bad Bunny.
Del lado contrario, Zezé Di Camargo dijo ante su público que esperaba ver a Brasil completamente orientado hacia la derecha. Además, apareció junto a Flávio Bolsonaro en un video de respaldo a Jair Bolsonaro, quien, según el texto de la fuente, permanece bajo arresto domiciliario por un proceso relacionado con la conspiración para desconocer el resultado electoral de 2022.
La influencia de los artistas en los votantes
La relación entre música y política tiene antecedentes de varias décadas en Brasil. Durante la dictadura militar, los músicos utilizaron sus canciones para protestar pese a la censura. La confrontación actual, sin embargo, se desarrolla en un escenario marcado por redes sociales, videos virales y llamados directos de los candidatos o sus aliados.
Una encuesta de Quaest citada en la fuente mostró que el sertanejo es popular tanto entre quienes se identifican con Bolsonaro como entre quienes respaldan a Lula: lo escucha el 55 % de los primeros y el 49 % de los segundos. Esa amplitud convierte al género en un espacio relevante para la disputa política.
La polarización también ha afectado la relación de algunos seguidores con los artistas que escuchan. En São Paulo, aficionados de derecha dijeron haber dejado de apoyar a músicos que expresan públicamente su respaldo a Lula, mientras un bar frecuentado por seguidores del presidente intentaba mantener un ambiente abierto a personas con distintas posiciones.
La campaña se desarrolla alrededor de preocupaciones como la seguridad pública, la corrupción y la salud. En ese contexto, la música funciona como una vía para llegar a comunidades y votantes, pero también como una expresión más de la división política que marca el balotaje brasileño.