Colombia tenía 4.626,73 megavatios (MW) de capacidad instalada de energía solar y eólica al 17 de julio de 2026. La cifra equivale al 19,23 % de la capacidad del Sistema Interconectado Nacional, según el Ministerio de Minas y Energía.
El crecimiento de estas fuentes renovables abre un desafío adicional: no basta con instalar nuevos parques de generación. El país también debe garantizar que la electricidad pueda transportarse y entregarse cuando la demanda lo requiera.
La generación variable exige respaldo
La energía solar depende de la radiación y deja de producir durante la noche, mientras que la generación eólica cambia según las condiciones del viento. Por eso, ambas tecnologías necesitan operar junto con redes de transmisión robustas, sistemas de almacenamiento y otras fuentes capaces de responder cuando su producción disminuye.
La necesidad de contar con capacidad disponible quedó expuesta el 28 y 29 de septiembre. Según XM, el 28 de septiembre faltaron 98,5 MW para atender el consumo a las 7 p. m., el momento de mayor demanda. Al día siguiente, el faltante llegó a 330 MW después de que dos plantas reportaran que no estaban disponibles.
La situación se superó mediante maniobras operativas, entre ellas un mayor aporte de las hidroeléctricas Salvajina e Hidroituango. El episodio mostró que la seguridad energética depende de la capacidad que realmente pueda entregar electricidad en el momento requerido.
Las hidroeléctricas siguen ocupando un lugar central en la generación colombiana, aunque su disponibilidad también está expuesta al clima. El Ideam confirmó el 8 de octubre la presencia del fenómeno de El Niño, que suele reducir las lluvias y puede afectar los aportes de agua a los embalses.
En ese escenario, XM calculó que las plantas térmicas tendrían que operar al máximo durante siete meses para respaldar el sistema. Camilo Tovar, docente de la Universidad Externado de Colombia, planteó que la expansión debe combinar fuentes y mantener un papel estratégico para el gas y el carbón como combustibles de transición.
Redes y almacenamiento, pendientes para 2030
Las baterías pueden ayudar a guardar parte de la electricidad generada y entregarla cuando baja la producción o aumenta el consumo. Sin embargo, su despliegue depende de la viabilidad de los proyectos, la disponibilidad de redes y las condiciones regulatorias y de inversión.
La diversificación también incluye los biocombustibles. Colombia cuenta con una capacidad instalada de 813.572 toneladas anuales de biodiésel y produjo cerca de 727.000 toneladas en 2025. Actualmente rige una mezcla del 10 % de biodiésel con diésel fósil, conocida como B10.
Un informe de la Universidad Externado señala que las redes de transmisión, los tiempos de licenciamiento, la seguridad jurídica y la estabilidad de las reglas serán determinantes para atraer inversiones en generación, almacenamiento, hidrógeno y exploración de hidrocarburos.
Estos asuntos serán discutidos en el XXVI Congreso Nacional de Derecho Minero-Energético de la Universidad Externado, programado para el 5 y 6 de noviembre en Bogotá. El encuentro abordará las energías renovables no convencionales, los biocombustibles y las nuevas tecnologías frente a las necesidades de abastecimiento y confiabilidad.
El reto hacia 2030 será aumentar la participación de la energía solar y eólica sin descuidar la capacidad de respuesta del sistema. Para lograrlo, Colombia necesitará nueva generación, redes, almacenamiento y fuentes complementarias que permitan aprovechar la electricidad bajo distintas condiciones.