El Partido Demócrata conquistó el Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos en las elecciones intermedias del 3 de noviembre. El resultado deja al presidente Donald Trump sin mayorías republicanas en ninguna de las dos cámaras para los dos últimos años de su mandato.
La victoria se extendió por territorios que durante décadas mantuvieron representación republicana. En el Senado, los demócratas alcanzaron al menos siete escaños tomados del partido Republicano: en Texas, James Talarico derrotó a Ken Paxton, y en Maine, Troy Jackson venció a Susan Collins, senadora con más de tres décadas en Washington.
En las Cámaras aparecieron también Kansas, Iowa, Ohio, Carolina del Norte y Carolina del Sur, donde Annie Andrews se impuso a Darline Graham, candidata impulsada por Trump. En la Cámara de Representantes, el Partido Demócrata sumó más de veinte escaños adicionales, incluidos distritos que en 2024 habían respaldado al mandatario por márgenes amplios.
El día de las elecciones dejó contiendas suspendidas: los escaños del Senado en Alaska y Mississippi seguían sin definición al cierre, por lo que la repartición de curules puede cambiar durante el conteo.
Respuesta presidencial: "Un golpe contra mí no lo veo"
Conocidas las derrotas, el mandatario sostuvo que acatará la correlación de fuerzas y que se dispone a trabajar con los demócratas. En una entrevista telefónica con Fox News argumentó: "No lo veo como un golpe contra mí", y defendió su gestión asegurando que sus primeros dos añosllevaron la mejor economía en términos de resultados.
El presidente también restó peso a factores como la guerra con Irán, que se inició hace ocho meses, y a los aranceles comerciales sobre el costo de vida. Culpa, en cambio, a la falta de conexión de ciertas candidaturas republicanas con los votantes.
Qué significa para la agenda de Trump
El escenario se transforma en Washington a partir de enero, con la asunción de los nuevos congresistas. Con el control de las dos cámaras, los demócratas podrán frenar iniciativas legislativas del presidente, suspender fondos, vetar nombramientos y adelantar investigaciones sobre su Gobierno.
El equilibrio obligará al mandatario a transitar el cierre de su periodo con una oposición que domina el Congreso, y que de antemano disputará sus prioritistas fiscales, migratorias y comerciales para los dos años restantes.